En este último siglo, Europa ha demostrado su incapacidad para solucionar, vía diplomática, los conflictos bélicos que ha padecido. En la situación actual, el clima prebélico que se respira se acentúa con la última ocurrencia de la Comisión Europea: que cada Estado miembro “elabore un kit de supervivencia de 72 horas” para afrontar cualquier crisis posible. Después de que EEUU haya dejado de suministrar armamento a Ucrania en su conflicto con Rusia, Europa se ha encontrado con una nueva e imprevisible novedad: no están preparados para la defensa de sus fronteras sin el paraguas de los EEUU.
Se está generando un ambiente nada optimista. Europa se encuentra desubicada y sin tener presupuesto económico para el incremento del gasto militar.
Mi reflexión va encaminada a los escasos pasos diplomáticos para generar una paz justa y duradera. En cualquier guerra el fracaso diplomático es evidente; las armas silencian las negociaciones o curaciones de las heridas que se han generado a lo largo de la historia. Una guerra es un fracaso sin paliativos, teniendo como consecuencia inmediata la destrucción de miles de vidas humanas. Creando a sí mismo una tragedia en las familias, que difícilmente sanarán a lo largo de sus vidas.
Todos los esfuerzos que se realicen para construir la paz deberían contar con la colaboración unánime de todos los interlocutores. Más inversión en armas, más militarización, más clima de desconfianza, más iniciativas como la de la Comisión Europea anteriormente expuesta, más leña por parte de los políticos en el fuego de los conflictos… es una huida hacía delante sin corregir los errores y conflictos históricos que los generaron.
La cultura de la paz debe construirse desde abajo, desde las familias, desde las escuelas, desde los medios de comunicación y sobre todo desde aquellos que nos representan: desde la política, desde los Parlamentos de cada país. Incumbe a todos los estamentos de la sociedad hacer desaparecer el lenguaje frentista, despreciativo, hiriente y provocador.
La paz no es una opción, ni un medio, debería convertirse en la finalidad. ¿Dónde conseguirla? ¿En qué consiste? ¿Quién la visibiliza? Viendo las películas y el ambiente social que nos rodea parece utópico. No desistiré nunca en plantear la posibilidad de alcanzarla: EL MESÍAS, EL PRÍNCIPE DE LA PAZ. III
«Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde». (Jn 14,27)