A sus 46 años, Alice Weidel, una mujer alta y esbelta, parece una criatura engendrada en una “Fuente de vida” nazi, lugares de selección y cría de prototipos arios rubios y de ojos azules.Como la mayoría de alemanes, Alice tiene un pasado oscuro familiar. Tuvo un abuelo juez de las SS del que nunca se habla en familia. Su abuela -residente en Prusia- decidió separarse de su marido nazi y con sus dos hijos se escapó al Oeste evitando así las violaciones masivas de los invasores rusos.
Se instalaron en una zona donde el padre de Alice montó una empresa de construcción con éxito. Este padre ‘marcó’ a su hija con exigencias, destacando pronto en el Instituto por sus capacidades y carácter. Pero evitó que ella estudiara Medicina, reorientándola hacia la Economía. Igualmente, destacó en ello y además se licenció en Derecho con una beca de la Fundación Adenauer, a la que su padre le obligó a renunciar. Su familia,l acomodada, desconfiaba de las ventajas sociales del Estado de Bienestar y solo respetaba el esfuerzo individual y la obtención de rendimientos.
Vale decir que, en este ambiente familiar tan tenso, Alice se adaptaba bien y cumplía las expectativas paternas, incluso dominando las técnicas financieras de los llamados ‘amos del universo’. Trabajó en Credit Suisse, Goldman Sachs y Allianz en períodos bianuales. De Singapur y Japón pasó al Banco de China, donde trabajó seis años, estudiando el sistema de pensiones chino y obtuvo el doctorado junto a dominio del chino mandarín. Después colaboró en asesorías y consultorías empresariales con negocio propio.
Regresó a Alemania y se afilió al Partido Liberal, más acorde con su trayectoria libertaria y sentir íntimo. Sin embargo, su padre (afiliado al AFD) la convenció para que lo reconsiderara, dado que ella era contraria al euro y a la UE. Y ahí intervino su pareja lesbiana: una cineasta de origen tamil, nacida en Ceilán y adoptada por un clérigo suizo. Ya viviendo juntas adoptaron dos niños, residiendo en Biel una ciudad suiza, llena de refugiados musulmanes, paro y subsidios.
Sarah, que la conoce bien, la animó a “dejar de quejarse y pasar a la acción”. Alice, una superdotada, ante las sugerencias de su padre y de su amante, abandonó el partido liberal y se afilió al AFD donde ascendió rápidamente.
El nuevo partido “Alternativa para Alemania” no es un clon del partido Nazi de 1920. Hay diferencias, también con los grupúsculos neonazis que con poca fortuna han rebrotado tras la posguerra. Una de estas diferencias va ligada a la figura de Alice Weidel: ella es una buena oradora muy temible en los debates porque desconcierta. Le ha dicho a Musk que Hitler era comunista. ¿Cómo atacar a una lesbiana confesa cuando los nazis liquidaban a los homosexuales? ¿Defiende la familia de valores cristianos o la suya? ¿Deportación de extranjeros o remigración cuando ella convive con una cingalesa de tez oscura?
Tal vez siempre han existido y existen homosexuales conservadores. En la AFD existe la HO Alternativa homosexual que critica al ‘lobby’ gay (izquierdista y ecologista) mientras ellos defienden las parejas de hecho, la no sexualización de la enseñanza, la monogamia, el ámbito privado e íntimo de su sexualidad y son contrarios a la islamización por la discriminación de homosexuales y mujeres en países islámicos.
Las preguntas abiertas y descaradas de la prensa y contrarios no han impedido la progresión ascendente de la AFD que el 23 de febrero ha conseguido ser la segunda fuerza más votada con el 20,8%,tras la CDU, con 28,52%. El partido se ha abierto a las clases medias y además, para mayor sorpresa, toda la antigua RDA ha votado AFD. Los antiguos comunistas ¿son neonazis? Otro enigma sociológico. Y ya van unos cuantos. Alice Weidel, reafirmada como líder y superado el baño de fangos no curativos a la que la han sometido los medios y sus rivales dentro y fuera del partido queda expectante. Mientras, Mertz trata de hacer la ‘gran coalición’ con los socialistas y su 16,45%, los liberales desaparecidos y los verdes reducidos al 11,6%. La coalición anterior ‘semáforo’ no ha servido para corregir el declive alemán, descrito en ‘Kaput’ el libro de W. Munchau.
Alice prevé una alianza breve y grita en los mítines, “Nos bloquean el paso, pero en unas nuevas elecciones, seremos necesarios…” ¿Podrá el periodismo basura hallar taras, lacras ocultas en la biografía de Alice para tumbar su carrera hacia la mayoría? Está por ver. Lo que si es cierto es que E. Rohm el segundo de Hitler, jefe de las SA, fue asesinado en “la noche de los cuchillos largos” y era un notorio homosexual, sin disimulos.
En Francia, la enemistad del Islam contra feministas y gays les moviliza a favor de Le Pen. Si bien Renaud Camus, novelista homosexual francés, desde que publicó ‘El gran remplazo’ (referido a la sustitución de la población europea occidental por inmigrantes) no ha editado ningún libro más, condenado en su castillo al ostracismo. En este ámbito de confusión Alice Weidel, tan burguesa e impecable con sus trajes pantalón azules, pulcras camisas blancas y el discreto collar de perlas, emerge como una líder ambigua pero segura de sí. Pero también lo parecía la transexual Karla Sofía Gascón y sus comentarios antiárabes le arruinaron el Oscar. Si bien Ignacio Garriga un mulato de Vox defiende la deportación de africanos, sin dudarlo.
Hay en la propia naturaleza humana, una reserva secreta difícil de penetrar, podría ser un complejo de Electra mal resuelto en el caso de Alice Weidel. A saber. III